Hace días, en mitad de un viaje en transporte urbano por la ciudad, le comenté a un amigo que tenía serias ganas de despotricar sobre algo, que no deja de ser menos interesante que el alimentarse, o simple y llanamente que el Ser. Ese tema en cuestión que tanto curiosea mi joven y simple mente es el CONSUMISMO.
Pero el origen en sí de tal atrevimiento, de tal rebeldía en épocas señaladas para dicha común práctica, de tal amenaza dialéctica para la gente “moralmente normal”, se remonta a la lectura de una entrevista a Emilio Lledó, filosofo y académico de la RAE. En ella, muchas cosas de gran interés se ponían sobre la mesa, pero recuerdo, por la manera en cómo se me quedo grabada, una idea especialmente simple, especialmente compleja. Cito textualmente “Hay que educar para tener lo suficiente para vivir y no ansiar mas allá de lo necesario, con apetito insaciable, tal como aconsejaba Epicuro al distinguir entre los bienes necesarios y los superfluos”.
Consumé, consumé, consumé, compra, sé feliz, disfruta de los placeres materiales de la vida, de esa libertad que se te ofrece para decidir, tú tienes en tu mano las llaves de la felicidad, las llaves para comprarte un producto que te hará diferente, que te hará libre en tu decisión, no estás bajo ningún poder que te obligue a tener esto u esto otro, eso no pasa en este mundo, en la tierra de las oportunidades tendrás la oportunidad de ser feliz, de ser diferente al resto, de ser individual. Mensajes tal que así se repiten diariamente, en cada esquina de tu ciudad, en cada altavoz de tu coche, el cual te has comprado libremente, en cada caja tonta que se hace llamar televisor, en cada valla publicitaria que, inerte parece ser, pero intenciones vivas sobre tu conducta quiere tener.
El hombre occidental está pasando por una de las mayores crisis de su historia, con la decadencia humana por bandera, ya no puede tener el estilo de vida que poseía anteriormente, un estilo de vida acomodado, que nos hacía sentirnos libres y autorrealizados. Y adaptarse a los nuevos tiempos asusta, a no poder despilfarrar, a ver como vivíamos por encima de nuestras necesidades, da realmente miedo.
Pero la conciencia de muchos pequeños seres se sigue viendo alimentada, y ahora especialmente, por ese gran invento capitalista, por ese gran invento creado con la intención única de ganar dinero fresco, con las REBAJAS. Rellenan gran parte de los telediarios, dándoles ese valor que tan materialistas nos hace ser, lanzando mensajes amenazantes para aquellos que se oponen a este ritual consumista, tachando de conducta “normal” la anormal, dándole esa connotación social que hace sentir a la gente pertenecientes a un grupo numeroso, y así no sentirse un “raro”, un “diferente”. Pero que sigue perteneciendo a la masa dominada, mora, social y económicamente. Esa es la clave de la supervivencia del sistema, darles a las gentes la oportunidad de sentirse libres, de no estar sometido a ningún régimen dictatorial, pero pueden controlarlos gracias a la creación de necesidades superfluas que llevan al consumo excesivo y al control por la necesidad de dinero, dinero que será malgastado en su mayoría. De esta manera el hombre trabaja para ganar lo que luego derrochara, teniendo que volver a someterse al trabajo para poder seguir comprando, así, hasta formar parte de la cadena, ser el eslabón (u esclavo) más importante del circulo vicioso más poderoso y más cruel que existe.
Por no hablar de los valores morales que se están inculcando gracias al apetito insaciable del consumo, que hace que los niños y niñas cada vez sean más competitivos, mas insolidarios y mas egoístas, ya que ven y aprenden a ser el número uno, a pasar por encima de sus compañeras y amigas, sin importarles que consecuencias tienen sus actos, ya que lo importante es llegar la primera a meta, y no basta solo con llegar. Y en esta carrera, la corrupción como persona está garantizada, porque el sistema en si esta corrupto, así que habrá que darles la enhorabuena por ser los primeros y primeras, pero habrá que sentir lástima y/o compasión por ser como son. Y sin embargo, los que vayan llegando a la línea de meta, no se les dará un premio metálico, por no haber sido los primeros, pero yo, prefiero irme a tomar un café con los segundos, terceros… que con los de arriba. Estoy seguro que me aportaran mucho más los segundos que los primeros.
Finalmente, para los que piensen y digan que soy un hipócrita porque a pesar de todo lo que digo, sigo teniendo bienes materiales, y que por lo tanto sigo consumiendo y sigo siendo consumido, les diré que no les falta razón, que precisamente de hambre no me muero, y que sigo comprando, pero lo quiera o no, formo parte de la maquina, sigo siendo un tornillo y obligado me veo a consumir, pero os aseguro que moralmente no me siento mal con migo mismo, que a las noches los remordimientos no me entran, porque intento pensar y reflexionar, y darme de cuenta del juego en el que me veo metido, para así poder actuar, poder escapar.
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